En el año de 1947 el Ing. Jaime J. Merino decidió construir un puente para cruzar el “Río Cazones”, era urgente contar con ese viaducto para tener comunicación con las ciudades de: Mexico, Tuxpan y Tampico, donde mayor movimiento existía de personas, para Petróleos Mexicanos las necesidades consistan en los campos: Álamo, Mecatepec y “La Faja de Oro” de aquella zona que estaban en producción en aquellos años, era importante sustituir el chalan habilitado de un viejo barco tipo camaronero.

Para fines de este año al empezar el estiaje del río, las cuadrillas de topógrafos iniciaron el trazo y los levantamientos de niveles para alinear la desembocadura de la avenida Lázaro Cárdenas con el eje central del futuro puente; días después se concluyó el diseño de las pilas y la elaboración de pilotes metálicos a base de tubería rellena de concreto hidráulico, día a día la grúa de la piloteadora dejaba sin caer cesar el pesado pilón, con el consiguiente ruido por los impactos que hacían que los tubos puntiagudos se hendieran en el subsuelo, cuando faltaban algunos centímetros se le soldaba otra en forma Colineal y lo seguían hincando hasta topar con un manto resistente.

Con este mismo método se construyeron tres elementos constructivos para las respectivas zapatas, que se convirtieron en bases solidas donde se desplantaron las pilas de concreto con una sección rectangular terminadas en ángulo, para no oponer resistencia al flujo de agua, largas jornadas de trabajadores petroleros se efectuaron para realizar estas tres piezas fundamentales para sostener la zona de rodamiento que ya tenía preparadas las anclas metálicas sujetas en la trama de varillas de las pilas de concreto, así como la sección escalonada para soportar la estructura metálica que se realizaría después de tomar las medidas de las bases terminadas.

Casi un año después se concluyeron las bases de hormigón, con esto se terminó la primera de tres etapa; la siguiente construir la estructura de metal que soportara la zona de rodamiento, esta trama de piezas de ángulo, soleras y secciones de metal se elaboraron en la capital de la república, las cotas y anchos se detallaron ya concluidas las bases y soportes con vigas de metal para engarzar la estructura en sus extremos; la manufactura de todas las piezas y elementos estructurales le dieron a la obra una aparente imagen de abandono, pera en alguna factoría del Distrito Federal la labor de perforar con medidas milimétricas la piezas de acero se hacía a ritmo acelerado, después marcarlas de acuerdo a un plano y empacarlas en huacales de madera para transportarse al punto de la obra.

En ambas márgenes del río Cazones se preparaban con maquinaria las aéreas para estibar los elementos componentes del arreglo metálico, en sitio la premura era remover toneladas de grava y arena para construir las plataformas y los accesos que resistieran los tracto camiones jalando las plataformas con su enorme carga; cuando empezó a llegar el flete también llegaron los estibadores y armadores, gente especialista en izaje, montajes y pailéria que venían de un poblado llamado “Totolapa” contratados por la compañía que se encargó de esta etapa.

De pronto una mañana los trazos y la simetría plasmada en los planos fueron un desafío para los armadores, los motores de las grúas irrumpieron el sigilo del lugar y los polipastos a guarnir los cabos; estos movimientos se inician al tender las secciones de vigas longitudinales donde se colocarían los travesaños, la gente veía con escepticismo que los elementos embonaran, se antojaba difícil de creer con tantos elementos, pero los armadores por eso fueron seleccionados, todo iba quedando en su lugar convirtiéndose en un atractivo arquitectónico.

En unas cuantas semanas las cuatro secciones ya tenían ensamblada las vigas y los elementos travesaños, los andamios empezaban a tomar altura para armar las columnas y los atiesadores intermedios, en tanto en los fogones se calentaban los remaches que al rojo vivo sujetaban el marco principal con respectivos cartabones cortados con precisión, las perforaciones para acoplar las secciones equivalentes en perfecta exactitud, los cuatro módulos fueron rematados con tres ates a repecho que semejan una curva en simetría perfecta. Su longitud cubrió un claro de doscientos cincuenta metros sobre el “Río Cazones”.

Después de terminados estos con numerosos nodos de hasta nueve elementos y miles de remaches, se terminó el escepticismo de mucha gente que pensaba que no acoplarían las secciones, pero estas embonaron con mucho exactitud sobre las anclas, que esperaban la estructura al igual que los orificios que engulleron miles de pernos; los operarios caminaron por los delgados tablones de los andamios pero afortunadamente nunca se escuchó “Hombre al agua”, lo que dio un viaducto sin manchas de sangre en su construcción.

El Puente integralmente pesa cerca de 200 toneladas de acero, se integraron equipos de trabajo para la fabricación de la estructura, carga, transporte, estibado y montaje de esta megaestructura, llamada así en sus días de gloria y que aún mantiene el equilibrio fielmente y que llegó a las fronteras de la ingeniería en su época, su edificación conllevó a retos para salir de lo común e intentar un puente de vanguardia con una vida útil de cien años, con desafíos rentes para soportar hasta una futura galerna inusual en la región, fue toda una osadía y gran apuesta construir esta mastodóntica obra cuando ya existía la soldadura de arco, cuando había mucha resistencia a los métodos modernos, por lo que se inclinó por el usual y eficiente remache. Pero al final el esfuerzo es recompensado con una hermosa forma estructural con vano entre cado pilón.
El majestuoso puente se empalmó con suave pendiente en un extremo con el municipio de Tihuatlán, por el otro se engarzó con la avenida Lázaro Cárdenas que conduce al centro de Poza Rica, para fines de 1949 el puente lucia con un color gris metálico, en el extremo de la salida destellaba una placa de bronce donde se describió la fecha de su inauguración 17 de Noviembre, bajo un acto sencillo donde sólo estuvieron el Secretario General de la Sección 30 Sr. Salvador Jongitud Álvarez, y los Ings. Antonio J. Bermúdez y Jaime J. Merino entre otros.

Viaducto que cruzó muchísima gente que llagaba a esta ciudad; en las noches de invierno, desde ahí daba gozo ver el emblemático “Parque de las Américas” con la iluminación de focos navideños, allí, las grandes lumbreras de los quemadores denotaban la cercanía del autobuses con su destino, pero al cruzar el viaducto, el pasajero se sentía en casa, orgullosamente alguna voz irrumpía entre la algarabía diciendo, hemos llegado a “La Capital Petrolera de Mexico”. El ruido particular que hacían las llantas sobre el emparrillado de rejilla Irving, es como recordar los años vividos en aquel Poza Rica de colosal bonanza.

Por tal razón este puente por muchos años se ha convertido en una identidad de Poza Rica, desde varios puntos se puede disfrutar de su trazo geométrico de sus cuatro secciones con una simetría estética, con fiel vigor opera el flujo vehicular por donde han pasado millones de toneladas que sería muy difícil calcular, carga que han puesto a prueba su fortaleza; en sus años mozos tuvo un corredor de ductos sobre un cantiléver longitudinal; en las cuatro esquinas de los extremo se colocaron las válvulas de seccionamiento de estos ductos con una guarda de concreto forrada por de vistosa talavera, donde flanqueaba la insignia de Petróleos Mexicanos con el flamante “Charrito Pemex” que le dio un sello muy particular y vistoso a los accesos en cada aproche.

Veinte años después deviene un hecho inusitado, el ducto explota y obligó a una inspección que conlleva a una rehabilitación, motivo por el que estuvo fuera de servicio, al quite entra nuevamente “El Vado”, para desahogar el flujo vehicular, cuatro meses después luce como nuevo, con un color dorado por la pintura aplicada, rejuvenecido retoma su misión y responsabilidad, inicia una sobrevivencia inexplicable, pasan los años y Petróleos Mexicanos lo entregó a la Secretaría de Comunicaciones y transportes, el mantenimiento decae, sobre la rejilla del piso se tiende pavimento asfaltico y cambia poco a poco su diseño de origen. A fines de 1999 cuando cumplía cincuenta años de vida pasó su máxima prueba de capacidad, sorteó aquella tormenta que inundó Poza Rica y la región, allí permaneció estoico, muchos puentes modernos colapsaron y, el allí subsiste.

El tráfico avasallador y el crecimiento del parque vehicular de la región lo han llevado al límite de su servicio, tráfico asfixiante que lo ha rebasado sin que nadie se apiade para entrar en su auxilio, se ha convertido en un punto crítico, un triste cuello de botella que obligó a edificar un puente anexo a quien ya le llaman Puente Cazones II; allí se pondrá a la vista un parte aguas de la técnica “el ayer y el hoy”. El primero de un entramado con elementos unidos por sus extremos que dan una estructura rígida llamada en ingeniería “armadura”, el siguiente a base de concreto armado y vigas de metal que comúnmente se conocen como “Híbridos”.

El Puente Cazones nos heredó un desarrollo urbano en el municipio de Tihuatlán, en cuyo lugar nació un empalme vial para iniciar viaje a Mexico, en un paralelismo dos años atrás entró en funcionamiento el tramo de carretera de Huachinango a la Ceiba, carretera construida por la compañía “Universo” Tampico y obvio a Poza Rica, punto donde los ejidatarios administraron una gasolinera que adoptó el seudónimo de “El Empalme”; también el sector se conoció por muchos años de “Totolapa”, en alusión a los armadores del puente que se alojaron el tiempo que duró su tarea en ese lugar, ellos eran de un lugar llamado Totolapan nombre que deriva del Náhuatl que significa lugar de guajolotes. Los autobuses señalaban en su baldaquín “Totolapa” y así los pasajeros gritaban al chofer, me baja en “Totolapa”.

TESTIMONIO
Guadalupe Arellano Paz
Ing. José León García

Colineal.- Dos elementos que están en un misma eje o línea.
Híbridos.- elementos combinados, mezclados o mixtos

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