Desde 1932, después del descubrimiento del pozo Poza Rica 2 se intensificó en este campo la perforación de pozos petroleros; la generosidad de esta tierra ha sido proliferas de este producto, que hizo de Poza Rica una ciudad en muy pocos años, donde se ha fincado una grandiosa ciudad, que llegó a topar la gloria cuando forjó su lema, al ser “La Capital Petrolera de Mexico” en los años 50´s.

La capacidad para capitalizar el gas que arribaba de los yacimientos se resolvió de una manera práctica y sencilla; quemarlo, pues no existía recolección por falta de gasoductos, ya que a los ingleses sólo les interesaba el aceite, que de inmediato lo enviaban por medio de los oleoductos a los gigantescos tanques y de allí a los buquetanques que rápidamente iniciaban su ruta a Europa.

Mientras en el campo de Poza Rica los grandes quemadores se multiplicaban a medida que entraban pozos a producir, la “Colonia Obrera” se favorecía por las noches con la iluminación que daban los mecheros, y la gente podía caminar sin mayor problema, además, daban una imagen muy particular como de una enorme postal que selló toda una época; cuando se divisaban los mecheros, ¡la gente decía, allá esta Poza Rica! pues era la referencia para quienes llegaban por primera vez.

Después de la expropiación dejó de llamarse campo petrolero y se convirtió en el Distrito Poza Rica; meses después llegó como superintendente el Ing. Jaime J. Merino, quien dependía de su colega Antonio J. Bermúdez, director de Petróleos Mexicanos. El programa para perforar de estos profesionistas rebasó todas las expectativas, de pronto, las torres de perforación se veían por donde la gente pusiera la vista, de modo que seguía aumentando la cantidad de quemadores y la producción de gas; este producto se convirtió en una área de oportunidad y el Ing. Merino inició la construcción de la refinería de Nuevos Proyectos, para aprovechar el gas y a generar derivados, así se comenzó a producir grandes cantidades de azufre en el distrito.

No obstante el gas no se podía aprovechar en su totalidad y se seguía quemando, existían quemadores en las Colonias: Laredo, Americana, en el Campo I, área de Talleres, mechones que vivían en armonía con el devenir urbano, incluso los vecinos disfrutaban aquel panorama de antaño, que ya se había convertido en un estilo de vida; unos de los más significativos y vistosos mechones fueron los instalados en la cúspide del “Cerro del Abuelo”, el bufar de estos por las noches era ensordecedor, pero el famoso altozano tuvo otros más en sus faldas, dando frente a la popular Colonia Laredo; este mosaico inspiró al compositor Rubén Méndez para componer “El Corrido de Poza Rica”, que inicia con el fragmento, “ya se ven las quinientas lumbreras y los quemadores se miran arder…”, partitura que denotó el vistoso potencial de iluminación sin aprobar la perdida al quemar el gas.

En el proceso de la extracción de los hidrocarburos del yacimiento, el gas viene asociados con agua salada y aceite; el gas se retira en las baterías de separación al igual que el agua; de los separadores el gas sale directamente a los quemadores, que se instalan en los puntos más altas en la periferia de la instalación, para evitar que cuando se apaguen estos, el gas no quede en las partes bajas de la atmosfera y afecte a los colonos.

Para 1958 en Poza Rica se producían 110 millones de pies cúbicos de gas, de los cuales se recolectaban para procesarse 80 millones, el resto alimentaba la enorme cantidad de quemadores del Distrito Poza Rica; esta bondadosa energía era útil por algunos ovejeros quienes llevaban sus animales a que tomaran calor, imagen que se volvió típica por muchos años; en las zonas rurales los animales silvestres también utilizaban el calor de los quemadores para mantener cálido su cuerpo; empero, se registra en la historia de Poza Rica un día trágico, cuando se apagó un quemador en el Distrito Industrial con un saldo fatal, cuando cientos de víctimas llenaron de luto muchos hogares de esta ciudad. Este episodio triste se conoce como “Los Engasados”.

El proyecto de expansión petrolero del Ing. Merino pronto incrustó en lugares alejados, uno de los más activos fue San Andrés, Hallazgo y Remolino, que se enlazaron con la red de El Campo Chote, con el tendido de largos gasoducto el producto se recolectaba; de igual forma los campos de Miquetla y Jiliapa pasaban el gas por las compresoras y era enviado a su dispositivo final, el distrito Industrial, allí se procesaba en gas L P, azufre y otros productos; el remanente ya limpio era enviado a la industria nacional. Con el tiempo, los campos siguieron propagándose y la tecnología mejorando que aprovechó casi el total del gas producido, esto ocasionó que el gas se quemara poco y los quemadores se extinguieran, estos que en su momento con el cielo rojo evidenciaron que Poza Rica estaba en el mundo.

 


  

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