Obra que unió en sus dos extremos a Cobos y Furbero

Es un paso obscuro abierto artificialmente para tener flujo en las vías debajo de un pequeño montículo de piedra sólida en el Kilómetro 34, de lo que fue la ruta del tren de vía angosta, el que conocemos coloquialmente como “La Maquinita”. Este permitió la comunicación para circular desde la ribera del río Tuxpan, saliendo del muelle de Cobos, hasta llegar al campo petrolero Furbero. Esta entre dos obras de ingeniería de gran nivel en su etapa de construcción, la gente que lo cruzó en tránsito a Poza Rica lo recuerda con gran añoranza, que hoy solo es parte de un viaje a través del tiempo.

En el año de 1902 la compañía Oil Fields of México Company, que tenía su campo petrolero en Furbero comenzó la titánica tarea de construir una vía ferroviaria para transportar equipos de perforación, herramientas, personal y los implementos para la explotación del petróleo, tres años después llegan al cruce con el río Cazones, allí se hallaba en actividad la “Unión Company Oil”, que ya contaba con la estación para el bombeo de aceite y tanques para almacenamiento. En ese lugar se hizo un cambio de vía para La Maquinita, este para acceso y salida a un almacén a cielo abierto que existió en donde hoy es un campo deportivo de ese sitio. Lugar donde se estibaron los elementos de la estructura del puente metálico que se edificó para cruzar el río Cazones en 1905, además del material para hacer el túnel.

Mientras se construían las dos pilas de hormigón sobre el lecho del río Cazones, a dos kilómetros de la ribera Sur, se conformaba el terraplén para el tendido de los rieles según la nivelación que grababa el plano topográfico, la inversión es grande. De pronto surge un cambio radical en la administración de la obras, La Compañía El Águila compró a la Oil Fields of México el proyecto total y es la que continúa la magna obra que tenía a los labriego asombrados, ya que jamás habían visto tanto dinamismo, maquinaria y herramienta, únicamente la que usaban en su labranza.

tunel 02Después de terminar las dos bases de concreto sobre el río Cazones como apoyo para soportar la estructura metálica, viaducto que terminaron en poco tiempo y permitió continuar el tendido de rieles sobre durmientes de madera, que se unió con clavos especiales para esta instalación. Mientras esta tarea definía el camino de fierro, en Palma Sola se saldaba la venta de la hacienda por el papanteco, Don Pedro Tremari a La Compañía El Águila, que tomó posesión del inmueble e instalo sus oficinas y campamiento para los extranjeros.

Medio kilómetro antes de llegar a lo que es el túnel, el suelo estaba conformado de roca dura que no se podía labrar con herramienta manual, que previamente había sido registrado en el trazo topográfico. Anticipadamente se había almacenado en el Kilómetro 31, una carga de dinamita y aditamentos para usar los explosivos en la conformación de una excavación en forma de un cajón a cielos abierto, previo antes de llegar a perforar lo que sería el túnel. Explosiones que irrumpieron el gran silencio que había imperado por siglos, a cada estruendo salían volando parvadas de aves y estampida de animales silvestres, incluyendo el pánico permanente de toda la gente de la pequeña comunidad.

La gran hazaña se iba realizando, se avanzaba en la detonación y el cajón se iba cortando al centro del eje del trazo, a cada explosión miles de partículas pétreas surcaban por el aire, fragmentos de roca conglomerada a través de varios siglos de haber estado en aquel inhóspito lugar. En el sitio del disparo, trabajadores con pala y carretilla extraían la roca quebrantada, dejando al descubierto dos paredes y el piso donde se alojarían los durmientes, en donde de inmediato se colocaba y fijaban las vías, avanzando así el tramo, similar tarea se realizaba en el extremo Sur, de lo que fue la otra punta del túnel en excavación.

El momento culminante de esta obra llegó cuando se empezó a excavar la bóveda el punto topográfico indicaba el kilómetro 34+380. Coordenada en donde la acción de las palas levando roca en partículas pequeñas, el impacto tenaz de los marros penetrando clavos que sujetaron los rieles, que unidos integraban la vía, segundo a segundo con el jadeo y sudor, le ponían lo agónico a cada jornada, bulla que en conjunto se formaba, quedó en la memoria de los lugareños de ese tiempo, en que la compañía Azteca, encargada de la demolición de la roca en pro del túnel y dos puentes, el del kilómetro 31 y el que esperaba su turno, el Xalapusco, el más largo de todos en el desarrollo y al cruzar su cauce, dio el nombre al enorme viaducto.

A poco menos de tres meses, la dinamita hizo su tarea y se pudo ver la luz al otro lado de lo que es el túnel, el extremo Sur, donde ya estaba preparado el terraplén para la conexión de los rieles. El desarrollo final del túnel fue de veintidós metros con setenta centímetros, el ancho entre las dos paredes dio tres metros y noventa centímetros, la altura quedó en cuatro metros veintiséis centímetros, un vano que tenía espacio suficiente para el paso de La Maquinita con restricciones para carga con exceso de dimensiones.

Al cruzar el túnel, de inmediato se daba giro a la izquierda en el sentido de Cobos a Poza Rica. Paralelo a las vías por el interior, corría el oleoducto de seis pulgadas de diámetro, no así los postes y el cable telefónico, que fueron parte del proyecto. El punto inmediato fue la edificación del puente Xalapusco. Las tres obras magnas fueron las más emblemáticas de las desaparecidas vías. A partir de estas ultima, el terreno es plano, los rieles se tendieron serpenteando el río Cazones de forma paralela hasta Corralillo, de ahí Calichar, la hacienda de Palma Sola y Furbero. Travesía de 82 kilómetros llenos de paisajes diversos, puentes y fauna añorada.

El sistema ferroviario quedó concluido y se inauguró el 16 de septiembre de 1908 con una fiesta en la colonia de funcionarios de La Compañía El Águila en Cobos. A partir de ese día, entro en servicio lo que con el tiempo hemos llamado de forma cariñosa y con gran evocación La Maquinita, que realizaba el recorrido jalando un máximo de ocho plataformas, esta fue únicamente para carga y la gente que llegó a esta región sobre ella, se acomodó sobre el material que llevaba en las cubierta y llegar a las paradas establecidas en la larga ruta.
Es de resaltar que en ese entonces, para ese año, fue la única manera de llegar a los pocos asentamientos que existían en esta zona. Hubo algunos caminos de los llamados de herradura y leñeros. Las únicas paradas de mayor importancia eran el kilómetro 31 y 52, Poza Rica no tenía ninguna imagen, solo caseríos dispersos y el retablo que indicaba el kilómetro 56 pegado al poste del cable telefónico. Por lo que La Maquinita hacia su parada muy rápido.

tunel 03El Túnel a pesar que es corto, es añorado por quienes lo cruzaron, era el aviso de que estaba próximo el puente Xalapusco a menos de un kilómetro, quienes venían sobre las plataformas, previo a su entrada, elevaban sus manos gritaban como se hace actualmente en la montaña rusa, uno de los motivos fue que hacía eco en el interior de él, acción que iniciaba al afinar el silbato que señalaba este escenario. Inmediatamente al salir, la vuelta de casi cuarenta y cinco grados a la izquierda, la que marcaba la ruta a el Sur.

Dentro de las instalaciones que operaban en auxilio del sistema ferroviario estuvo la caseta del operador del teléfono, aparato básico y primordial para la operación de La maquinita, y demás vehículos que transitaban por la vía, esto permitió que al cruzar los puentes de la Unión, Xalapusco y el túnel no chocaran con otra unidad en sentido contrario, de esta manera La Compañía El Águila tuvo control eficiente de accidentabilidad.

Otro símbolo recuerdo de “La Maquinita” es su silbato, el que accionaba cada vez que hubiera en su recorrido un puente, alguna parada predispuesta, cierto peligro y antes de entrar al túnel, la bocanada de ruido invadía todo a su paso al compás del singular ruido que hacían las ruedas sobre los rieles. Esta obra de ingeniería aún perdura como testigo de calidad, de aquel sistema ferroviario que favoreció la fundación de Poza Rica y su grandeza petrolera. Pasadizo que aforó cuanto pasó por su vano, enlistó mudamente a todo ser humano que lo traspasó en pos de una nueva vida en el campo petrolero que nació al aflorar aquel 18 de junio de 1930 la bendita producción de aceite.

Hoy día, hablar del túnel, es abrir una página en la bella historia de Poza Rica en la época de su gestación, es recordar aquellos días en que se dejaba de lado una cañada junto al río Cazones para enfilarse de forma franca a los pozos petroleros, las torres y las instalaciones de esta industria. Visitar hoy el Túnel, es encontrar el más triste cuadro de lo que debe ser un paseo dentro de las entrañas de nuestra historia, pero la realidad es caminar sobre un bebedero de animales bovinos, ver basura abandonada de curiosos o exploradores que no respetan los símbolos que representan el pasado y el esfuerzo de hombres que dejaron parte de su vida por darnos una esperanza de trabajo, expectativas de una nueva vida, y hoy, el área de oportunidad para los proyectos turísticos que reestablezca la economía herida.

1.- Construcción del Puente kilómetro 31.
2.- El Túnel de las Vías entre Cobo y Furbero.
3.- La Maquinita cruzando el Túnel.

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