Ha dado por años su ansiado tañido

Una campana es una unidad que expresa un sonido musical en seguida de su repique, esencialmente es una percusión considerado un idiófono, es muy fácil identificar una campana generalmente por su forma de una copa invertida, solo que esta es acústica con vibraciones al ser golpeada, es básico tener una alianza inseparable con el badajo, que pende de una sirga con punta de bola metálica. En su elaboración se conjugan el barro, fuego y bronce, su calidad va en función de la aleación del estaño en bajo porcentaje. Es una labor artesanal que requiere pericia e ingenio, además de los tres elementos básicos.

 

Se cuelan en hoyos con formas de ladrillo forrado de tierra o escantillones postizos generalmente en fraguas, se usa temperatura alta para fundir el bronce y se vacía en el molde, después de varios días se izó y se retira el barro tanto exterior como interior, se limpia, pule y queda lista para sónar. El 22 de enero de 1929, se fundó la escuela Mixta en el Campo Petrolero de Palma Sola por la compañía El Águila, gracias a la tarea de los señores padres de familia, Don Lorenzo Mendiola Vélez y José Salomón Galván Garza quienes se trasladaron a Tuxpan para contratar a la maestra Maria Esperanza Morales Mérida, tuvo una aula y una pequeña campana que se improvisó de un capuchón guarda rosca de tubería, suficiente para alegrar la hora del recreo.

El 20 de diciembre de 1932, la compañía “El Águila” fundó el campo petrolero de Poza Rica al dejar Palma Sola, en los primeros meses de 1933, erigió la primer escuela de un aula para treinta y cinco alumnos entre varones y niñas, siendo por tal razón mixta, estuvo atendida por la misma profesora, Esperanza Morales, quien solicitó en 1939 una campana, toda vez que la anterior se quedó en la escuela de Palma Sola. Los padres de familia encargaron una en el estado de Hidalgo, siendo esta de patente en bronce niquelado, la que lució resplandeciente en colgada del marco de tubería, de donde pendía lujosamente.

campana 02Durante el periodo presidencial de General Manuel Ávila Camacho, atendió una solicitud de la maestra Maria Esperanza Morales Mérida, quien le solicitó una escuela más digna para los hijos de los trabajadores, anexando esta petición a la hecha por los integrantes del sindicato petrolero, plantel que se finalizó de edificar en 1946 y se inauguró el 18 de marzo de 1947 con la presencia del Senador y Director de Petróleos Mexicanos Ing. Antonio J. Bermúdez y el Superintendente Ing. Jaime J. Merino, quienes dieron a conocer las bondades del centro educativo, que tenía en ese día, treinta y ocho aulas para alumnos, una sala de curaciones y consultorio médico, sanitarios para ambos sexos, una Dirección, biblioteca y grande espacio para esparcimiento de los educandos.

A partir de ese día quedaron las puertas abiertas para recibir poco menos de dos mil alumnos, también desde esa fecha, fue inolvidable entrar por la puerta principal y ver a la derecha la campana que trasladaron a su nuevo recinto, en esta ocasión fue colgada de un marco metálico en forma de cantiléver, de cuyo extremo volado pende, su tañido fue dispuesto con más tarea que del que tuvo anteriormente, ya que en su nuevo recinto escolar asumió dos turnos, en el matutino solo para niñas mientras el vespertino fue para varones, en ambos casos suena al iniciar clases, entrada y salida, el recreo y el repique más esperado, la hora de salida de clase.

A los pocos años de ser instalada la campana en el pasillo de acceso a la escuela, fue reubicada a una columna estructural colindante con la escalera de acceso a la segunda planta, fue reubicada con la misma ménsula cantiléver que la soporta y esta desde entonces y hasta nuestros días. Lugar que le da mayor equidad a la emisión de sus ondas sonoras por estar en el centro del recinto. Ahí como en un inicio, luce majestuosa. Tal vez está en la memoria de incontables generaciones de exalumnos, y seguramente verán con gusto que reside causando las mismas ansias y coqueteo de antaño. ¡Las ganas de tocarla!

La ansiedad de tocar la campana y salir corriendo siempre ha sido una obsesión de todos, soñábamos con alcanzar de un brinco el mecate del que iza el badajo y repicarla, quien lograba la hazaña, sufría el fuerte temor de un ejemplar castigo del director, Rafal Pérez López, la respiración se alteraba y el corazón palpitaba muy rápido. El escondite es el baño de varones, quien entra, se imagina que él había tocado la campana a destiempo, el rostro lo delata por el temor manifiesto en ese momento, pero había logrado la deseada hazaña. ¡Proeza que muy pocos logran!.

La campana era tocada por personal de la Dirección Académica por varios años, tiempo más tarde le fue asignada al conserje de la escuela, Sr. Silvestre Gutiérrez Ramírez que así se convirtió en el campanillero, Don Chivi, como le decíamos a Don Silvestre, muy propio y responsable se acercaba a la campana a la hora que debía, previo, su figura al ser vista por la ventana causaba júbilo camino a ella, se pasaba la voz, de uno a uno, ya va Don Chivi a la campana, preámbulo seguro para empezar a guardar nuestros enseres académicos. ¡La calle nos esperaba!

Quienes caminado para ir a la escuela, teníamos que medir el tiempo para llegar oportunamente a la hora de la entrada, que siendo varón era el turno vespertino, inolvidable la hora, ¡La una y media!, pero si en el trayecto ocurría algún infortunio como el caso de lluvia, o que dos amigos estuvieran dirimiendo sus diferencias a trancazos, el quedar de mirones en un choque o accidente automovilístico, seguro el trayecto se eternizaba, unido a la aprensión por el sonar de la campana, suplicio que nos hacía imprimir velocidad en el andar para llagar puntual a la entrada.

Muchos pretendíamos llegar con tiempo de sobra y tener oportunidad de cambiar estampillas coleccionables, llegábamos con una lista numérica de las que faltaban y las repetidas, siempre en busca de esa que los impresores de las series hacían con predeterminación un tiraje corto de figuras para se comprara más sobres, los que habríamos expectantes a ver si era la buen, en el mercadeo de trueque, iban llegando más compañeros que se integraban a ver que novedad encontraban con su relación de faltantes hasta que la campana irrumpía y de inmediato a formarnos e ingresar a clase.
En contra parte, cuando el sonido indicaba el anhelado recreo, la campana con su melódico teñir nos devolvía el regocijo genial de niño, era la hora de la diversidad, unos muy propias degustaban el lonche, otros a la reja a comprar toras del célebre “Colorado”, enchiladas y una inmensa gama de golosinas, algunos, los de balón a jugar la cascarita, un partido en donde todos iban al mismo tiempo en buscar de la pelota para pegarle como se pudiera y a donde fuera, hasta que la campana nos indicaba que había llegado el minuto noventa.

campana 03En su dilatada historia, la campana de la escuela Articulo 123 Maria Enriqueta fue facilitada varias ocasiones al municipio para festejar el 16 de septiembre, donde tañó con su singular sonido en esos días de fervor patriótico, después regresó a su habitual lugar. Lamentablemente en una de esas veces cayó al piso sufriendo un irreversible daño que ocasionó que perdiera su inconfundible sonido, ese que la gente que vive en la periferia, así como los vendedores de golosinas dejaron de escuchar, y por ende, saber la hora por su bajo sonido, aunado al ruido urbano y el opresivo tráfico de vehicular que pasan por las calles perimetrales. Desde aquel tiempo, su repique es afónico y muy leve su tilín, tilín, tilín.

La campana de la escuela Artículo 123, Maria Enriqueta, fusiono tácitamente la historia y el arte, la mezcla manifiesta un valor de gran evocación escolar, es un preciado artilugio que está por consumar setenta años de causar la misma delicia a quienes han pasado por las aulas de la legendaria escuela. Pero también, es de pensar con obvio entender que a los maestros ha disfrutado el mismo gozo de su esperado tañido, dando fin a una grandiosa jornada entre educandos, que así da colofón al cansancio que ocasiona el enseñar a los alumnos cotidianamente, de ahí que la espera de ese sonido llano y melodioso es anhelado.

En algunas escuela recién abiertas, el fascínate lenguaje de las campana se está extinguiendo, la tecnología actual revirtió las cosas de forma sencilla al instalar en su lugar una chicharras eléctricas. Pero en nuestras mentes, esto está muy lejos de ocurrir, la evocación de nuestros años vividos con la campana de nuestra bella época está muy lejos de desaparecer. Solo basta pasar por la fachada principal de la escuela y recordar cuantos intentos hicimos por tocarla, la espera de su tañido para salir prestos al Parque Merino o la Cancha Bermúdez para ver algún jugo importante, llagar a casa pronto para algún evento familiar, o solo por el sencillo gusto de salir al recreo. Por tal razón, la campana de nuestra escuela, es un icono imborrable de nuestras mentes y vida.

1.- La Campan al fondo, junto a la puerta principal de la escuela Artículo 123, Maria Enriqueta.

2.- Escuela Art. 123 Maria Enriqueta en 1946.

3.- La Palomilla, Jorge Cascio, Amado Rodríguez y Beto Gutiérrez y muchos más.

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