Del distinguido empresario español Casimiro García

En el año de 1936 Don Ricardo Martínez un pudiente ciudadano del nuevo Campo Petrolero de Poza Rica obtuvo en Tampico un vehículo; después de una tediosa y larga travesía el coche tuvo al final su último tramo de envío sobre “La Maquinita”, llegó a tierra prometida convirtiéndose en el primer auto sobre los callejones de lo que más adelante sería una próspera ciudad, pocos días después en similar envío llegaron dos autobúses para el servicio urbano, con esto se detonó el franco auge vehicular en Poza Rica.

La Compañía El Águila tenía una pequeña planta destiladora de gasolina en la zona industrial del campo, la utilizó para sus autovías y “La Maquinita”, después de la expropiación, junto a la agencia de ventas Petróleos Mexicanos perfeccionó la instalación de la gasolinería para el servicio de sus automóviles, para fines de los años cuarentas se instalaron las agencias “Ford y Chevrolet”, ambas contiguas frente a la puerta principal de petróleos, dando apertura al auge automotriz.

Bajo el regocijo de este avance tecnológico llegaron dos requerimientos vitales en el uso de automóviles: servicio de combustible, pavimentación y el ordenamiento vial, premisas que fueron rápidamente superadas, la traza urbana era viable desde la concepción del campo petrolero, Petróleos Mexicanos marcó el sentido del flujo para sus unidades automotrices en el proceso de la explotación petrolera y su personal administrativo; de tal forma se construyeron las comunicaciones para las comunidades: la Petromex, el Kilómetro 52 y Poza de Cuero.

La gasolinería de la agencia de ventas daba servicio a los potentes Dodge, Buick, Chevrolet, GMC, Ford y Jeeps dentro de sus programas de trabajo, mientras para el uso privado de coches las condiciones no fueron fáciles, es como nace la figura de un hombre, el empresario Casimiro García, quien invirtió para edificación de la primer gasolinería privada de Poza Rica, por esos años ante la mirada de curiosos se fue formando una profunda excavación para colocar los tanques circulares, que después fue cubierto con un piso de concreto, cisternas que fueron los depósitos para almacenar la gasolina, que en aquel tiempo estaba impregnada de plomo.

En aquel pequeño lote, Don Mateo levantó un cobertizo de hormigón para instalar la bomba de gasolina, la primera fue de esas que había que palanquear para que saliera el producto por el maneral, los tapones del tanque se habrían quitando con una llave, las camionetas traían el tanque detrás del respaldo del asiento y los carros en la parte de debajo de la cajuela, junto al motor estaba la bomba del carro que inyectaba la gasolina al carburador, antepuesto pasaba por un filtro cuya carcasa era de vidrio, dentro de ella un fino cedazo o filtro para retener los sólidos. El asiento delantero era corrido y el volante muy grande, ¡Tiempos aquellos!

Dentro del área de la bomba se instaló un exhibidor de aceite para motor y grasa para las articulaciones mecánicas, la grasa se vendía dentro de una caja metálica con cabida hasta de un kilo, el aceite en botellas de vidrio con una tapa de metal tipo corcholata, ya que era de lata y en el interior tenía un sello de corcho, como los refrescos de aquel tiempo; los lubricantes se vendían según su densidad y tipo, en la misma vitrina se reservaba un anaquel para el líquido para frenos y batería, ¡todo un estilo muy añorado!.

La modesta estación de gasolina gozo de un gran privilegio, Casimiro con alma de comerciante encontró duda en la recepción del combustible y apeló a su vecino de enfrente, amenazó con cancelar su negocio si no le enviaban la gasolina por un ducto directo de los tanques de la agencia de ventas, solicitud que prosperó, se tendió un gasolinaducto de dos pulgadas de diámetro, el control del consumo se midió por medio de una válvula de medición de flujo, desde ese momento no hubo inconveniente alguno.

Con el combustible garantizado para los usuarios, la pequeña estación de servicio de combustible automotriz, vio pasar un desfile de automóviles de gran linaje, las marcas del momento paraban a cargar gasolina, elegantes modelos de vehículos Renault, Ford, Dina, Fiat, Opel y Chevrolet entre otros, para los más distinguidos personajes, petroleros, políticos y empresarios de Poza Rica y la región, las calles quedaban amplias para los pocos automóviles que existían.

Dentro de esta estación se recuerda haber pasado los visitantes más distinguidos y de todos los medios, gusto que se daban los despachadores y vendedores que merodeaban la gasolineria, muchos de ellos presumían haber vendido, tamales, pemoles, paletas, gelatinas a personajes como: el Santo enmascarado de Plata y otros luchadores más, Agustín Lara compró las populares gorditas de harina, los futbolistas que venían a jugar contra El Poza Rica F. C. de Segunda División no perdieron la oportunidad de saborearlas, de igual forma, los basquetbolistas que enfrentaba a la Ola Verde también las degustaron y comprobaban su buena fama ganada.

Junto a la estación estuvo la famosa vulcanizadora “Tarzán” un talachero de gran fama, su privilegiada ubicación le dio oportunidad de atender vehículos y camiones que cruzaban de Tuxpan a Veracruz, también reparó famosas marcas de autos y llantas; Gracias a Casimiro García, que adquirió la primera franquicia para la venta de gasolina, lubricantes y derivados de Petróleos Mexicanos con el logotipo del internacionalmente conocido “Charrito Pemex”, ¡Ah que buen recuerdo!.

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