El Arbolito

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Lustradores de Calzado de Alta Calidad

El caminar en tiempos pasados era un hábito por necesidad en Poza Rica, aunque las condiciones no siempre fueron las mejores, las calles carecían de pavimento, la lluvia era muy frecuente y había que ir a trabajar, a la escuela y a cualquier otra actividad que casi todas concurría al centro de la ciudad, el servicio de transporte público fu el suficiente, razón por lo que se caminar mucho hasta llegar a nuestro destino y enlodar los zapatos era cosa inminente, esto se convirtió en tarea de los boleros, que en cuestión de minutos los dejaban como nuevos.

Caminar hoy en día es un libertad o privilegio que ya se perdió, en Poza Rica por muchos años el caminar era una necesidad, había muy pocas rutas de autobuses, para la Petromex, Kilómetro 52 y Coatzintla las más importantes, existían escasos taxis, así que agarrar el ritmo caminando para ir al trabajo, escuela, de compras y otras actividades fue un recurso natural de la gente, por eso se levantaron las vías de “La Maquinita” y se pavimento dando nacimiento al largo andador que se llama “El Paseo de la Burrita”, por lo que traer los zapatos limpios era un estilo de andar.

Para muchos y para la salud es muy lamentaba que los paseos se han perdido por el auge del automóvil y el arribo de la modernidad, el concepto de “Paseo” se dio por el caminar, los domingos eran día de paseo, se podía percibir muy bien el crecimiento y latir de nuestra ciudad en cada paso que se daba, la imagen de un buen caballero o una elegante dama se veía en los pies, por el tipo de calzado y el lustro de ellos, que entre las calles que en aquellos años pocas eran de pavimento los zapatos requerían de limpieza.

Para muchos trabajadores lustrase los zapatos era algo común, normalmente en los restaurantes, bares y oficinas había boleros andarines que visitaban esos sitios y satisfacían esa necesidad, incluso tenían sus clientes fijos, el precio fue variando según el año y la demanda por el acelerado crecimiento de habitantes. En el año de 1948 se inauguro El Mercado Poza Rica, a los pocos meses se apostaron bajo un tejaban de lamina, uno boleros junto a la pared de forma alineada usando un la fachada principal del mercado, donde la gente acudía a bolear sus zapatos en un ligar establecido, tal vez el primero en Poza Rica.

Con el tiempo se conoció como Bolería el Arbolito de Don Esteban Olarte Diego, al pasar algunos meses en el lado izquierdo de la misma fachada del Mercado Poza Rica, se instaló otra bolería, esta del Sr. Francisco Vélez a que se le conocía como “El Niño”, ambos no se daban abasto todo el día, la gente tenía el habito de traer los zapatos brillantes, habito que en las escuelas era exhortado por los maestros, quienes decían, “Se debe andar con los zapatos limpios y la conciencia tranquila”, lo que se procuraba por una buena imagen.

Con el paso del tiempo y entrando los años cincuentas las aéreas para los días de fin de semana, en donde se instalaban los comerciantes que venían de México se reorganizó y las bolerías se reubicaron al frente de cada fachadas, en la que daba a la calle “Dos Norte”, hoy Heriberto Kehoe Vincent la de Francisco Vélez El Niño, la otra, El Arbolito que daba la espalda a la Avenida Central Norte, hoy boulevard Adolfo Ruiz Cortines, en estos lugares las condiciones fueron diferente, en ambos lugares se acondicionó una banca longitudinal con doce pares de plantillas, para un número igual de clientes, en el Arbolito de Don Esteban Olearte contrato entre varios años a los boleros; Hipólito Arenas Ramírez, Pablo Ortiz, Hernandez Leyva
Gustavo Gómez, Alfredo Díaz, Guillermo Ortega, Juventino Lara, Ezequiel Lara y
Joaquim Pita Cádiz.

Con este staff de boleros se inició una época muy en la tarea de los boleros, este lugar fue un punto de reunión muy concurrido en dos décadas, los domingos por la mañana se esperar turno para lustrarse los zapatos, esto hizo del Arbolito un sitio de personajes, hombres ilustres, mujeres y deportistas que por años crearon una sociedad que hoy son parte de la historia de Poza Rica, se podía ver a Don Raúl Lara Mendoza, quien fue el primer presidente municipal de esta ciudad leyendo el periódico mientras tocaba su turno, al profesor Rafael Pérez López platicando con algún amigo mientras le daban lustre sus zapatos, a un niño leyendo un cuento de “La Familia Burro” o al futbolista Carlos Calaron de la Barca Perea leyendo el Esto mientras lo boleaban.

Aquel calzado de antaño que se tenía que bolera, los zapatos bostonianos de la Canadá, los Gecesa, aquellos que decía “Doble vida” porque tenían doble suela y eran para vestir bien, aquellos boleros le daban a uno las noticias y chismes del momento mientras con destreza sacudían el trapo de franela, el penetrante olor de solvente era característico mientras el cliente leía un periódico dentro de la gran que llegaban de México y Tampico, las revistas de prestigio, “Siempre” entre otras que se apilan junto al lugar contiguo, mientras con afán el bolero pasaba su trapo sobre el calzado, tomaba el cepillo y hacia lo propio mientras se reacomodaba sobre su diminuto banco forrado con un vinil todo mullido.

Que recuerdo, un establecimiento casi en el olvido, la bolería “El Arbolito” de gran tradición en el mercado Poza Rica, formidable evocación a estos hombres que con pericia de sus manos saben muy bien cuidad el calzado, con un instinto alquimista combinan sus productos y daban lustro dejando los zapatos como nuevos y listos, muchos nos extasiábamos viendo la habilidad al pasar las cerdas de las brochas y los cepillo mientras echábamos una mirada a la gente que pasaba, a la muerte de Don Esteban Olearte Diego este espacio de tradición y excelso servicio se esfumó para dar paso al sitio de boleros junto a la desaparecida “Fuente de las Tortugas” o en el Parque Juárez, donde están los hijos de algunos entre ellos: El Chiquis, Alejandro y Jesús.

Testimonios
Hipólito Arenas Ramírez

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