El Hotel Juárez

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Una Ilusión de Prudencio Juárez que se hizo realidad

Cuando transcurría el año de 1932 y al terminar sus estudios de primaria, llegó al Kilometro 56 el niño Prudencio Juárez Reyes, con apenas 14 años de edad; pronto encontró trabajo en la Compañía petrolera “El Águila”, donde a esa edad fueron ignorados sus vastos conocimientos de aquel tiempo, toda vez que muy poca gente podía alcanzar ese nivel educativo, por lo que tuvo que trabajar en la excavación, carga y acarreo de tubería, inclusive en la fuerte tarea de actividades insalubres, la que resultó muy pesada para un joven de su edad.

Prudencio tomó una opción de vida y comenzó su carrera de buen comerciante en la pequeña comarca; en una vara dura colgó dos pequeños colotes y recorrió las veredas vendiendo frutas, donde tuvo buen éxito a falta de tiendas; por unos años siguió con esta actividad, después se instaló el Campo Petrolero de Poza Rica y el sitio creció en área y población, junto a las vías de la maquinita se formó una lonja comercial, donde obtuvo un cuadro para vender su mercancía; después unió su vida sentimental con la señorita Julieta Aldana que dio como fruto cuatro hijos, mas adelante la vida le jugó la primera trastada y quedó viudo.

Su reconocida y dinámica actividad comercial lo ponderó como un hombre líder en el medio, lo que fue un factor para ampliar la gama de productos a la venta; dejó la calle y establecido, su carácter amable, educado y atento le hizo ganar muchos clientes y amigos; además de emprendedor y exitoso rehízo su vida sentimental con la señorita Evencia Becerra Solís, con quien procreó siete hijos, entre ellos Emilio quien desde muy chico siempre trotó a lado de él, convirtiéndose en el mejor colaborador a pesar de su corta edad; en el año de 1948, después del magno incendio que terminó  con el viejo mercado junto a las vías, tomó posesión del local número 5 del moderno y nuevo “Mercado Poza Rica” donde empezaron una exitosa era comercial con la venta de café.      

Fue tan exitoso el negocio del café en el mercado que se vendía por mayoreo en la región, lo que generó otro proyecto que consistió en instalar dos beneficios de café, uno en Zozocolco, desde ahí llegaba el grano que tostaba en su local, olor que invadía la nave central del mercado con el agradable aroma, motivando al marchante a pasar por su clásica bolsa de medio kilo; para aprovechar la visita también expendía otros productos afines como; azúcar, leche, galletas, pasta y por supuesto el café, que después de ser pesado le agregaba el famoso “Pilón”.   

Don Polencho siguió progresando como cafetalero hasta poner otro beneficio en la sierra de Puebla, justo en La Ceiba donde el clima es ideal para el cultivo del café, mejorando el  negocio; la compra de terrenos fue otro horizonte que denotó futuros comercios, que con gran visión sólo las persona con cualidades congénitas como él se atreven a realizar; su clase comercial lo llevó a obtener un lugar en el medio y la sociedad, para el año de 1953 Don Prudencio Juárez asume la presidencia de la “Cámara de Comercio de Poza Rica”, cargo que ocupó con responsabilidad y lealtad a sus socios.

Por aquellos años Polencho estrechó una amistad muy especial con el Ing. Jaime J. Merino, Superintendente de Petróleos Mexicanos en el Distrito de Poza Rica;  ambos convivían amigablemente, pero tal fue el afecto, que Prudencio distinguió al jerarca cuando a uno de sus hijos le puso el nombre de Jaime, distinción que el ingeniero guardó con mucho respeto, pues nunca existió un compromiso de por medio entre ambos personajes de aquellos años, sólo las investiduras.

En el año de 1961 Polencho adquirió un predio ubicado en la esquina del la calle Antonio J. Bermúdez y la Avenida Central Norte, hoy Boulevard Adolfo Ruiz Cortines, que fue utilizado como una informal lonja mercantil; allí, con la anuencia de su anterior propietario se apostaron por un tiempo los tostadores y vendedores de cacahuate, junto, en al arroyo vehicular, que fue parador de autobúses urbanos que corrían a la Colonia Ruiz Cortines y Coatzintla; el mismo año contrató a los arquitectos; Gallo, Lobo y Azorín para que elaboraran el proyecto arquitectónico del moderno hotel. Ilusión que Don Polencho tenía escondida por muchos años.             Jesús Valdivia de la “Compañía Pyusa” construir

Tiempo después, los arquitectos mostraron a Don “Polencho” Juárez varios planos del futuro “Hotel Juárez”, un proyecto de estilo completamente moderno, obra que satisfizo y fue aprobada por su emprendedor dueño que integró diez habitaciones por nivel, mezzanine, un restaurant en el octavo piso con mirador, escaleras, la planta baja fue bosquejada para locales comerciales, dos elevadores y el área de recepción, la fachada luciría con ventanas de cristales y muros paralelos cubiertos de grandes piezas de baldosas, losetas que le dieron el toque de estilo netamente contemporáneo. La obra la inició la Compañía Pyusa y concluyó la Latino S. A. de la Ciudad de México.

En un lapso de seis meses los ojos de propios y extraños veían como semana a semana emergía entre las casas de la Colonia Flores Magón una edificación de hormigón, y la pregunta de la gente empezó a correr con supuestos adjetivos y la clásica duda que lleva a expresar, ¿Para qué será este edificio?, ¡seguramente de algún rico!, cotidianamente los arquitectos extendían planos, checaban medida y niveles, en sus prisas subían y bajaban en pos de una sensata supervisión, el Arq. Ricardo Martínez Pasarón fue uno de los más activos en esa tarea donde el ritmo de albañiles y los altos andamios llenaba la vista. Polencho respondía al reto de su ilusión y lo quería cuan alto se pudiera. 

Para finales del año de 1962 otro era el horizonte en el cielo de Poza Rica, donde un enorme edificio era el suceso más comentado; la actividad ya era otra, ahora la mano de obra era de electricistas, aluminieros y carpinteros, que con ágil entrega trabajaban en los acabados del grandioso edificio; para entonces no existía duda alguna de quién era el dueño, pues Don Polencho Juárez asistió con frecuencia regocijándose en las entrañas de su hotel, que ya se veía a punto de concluir; una mañana del mes de diciembre de ese mismo año, un actuario entregó un exhorto para la suspensión de la obra, Petróleos Mexicanos por medio del departamento  jurídico reclamaba la posesión del terreno que Polencho Juárez había comprado a Genaro Morgado, acción que se entiende de mala fe al esperar que la obra esté a punto de terminarse.

Desde ese instante Polencho entabló un juicio feroz y longevo por la propiedad del lote; la noticia dejó atónito y lesionado a Prudencio, quien no alcanzaba a concebir nada, ¿Por qué habría esperar a que se acabara la obra?, eso era falta de cordura del reclamante; agraviado pero ágil  contrató un abogado e inició la disputa por el lote que había adquirido legalmente, razón que le concedió el juez en la primera instancia, pero Petróleos Mexicanos se amparó y en el largo juicio le adjudicaron el laudo; Polencho se enfermó a causa de tanto desatinos y complicado de la ley; acude ante el futuro Gobernador del estado, C. Rafael Murillo Vidal, quien habló con el Lic. Jesús Reyes Heroles, Director de la paraestatal y paró la ejecución sentenciada  por la suprema Corte de Justicia, y llegar a realizar un fideicomiso en ese tiempo  con el Banco del Ahorro Nacional, acuerdo que obligó a Polencho a liquidar el terreno.   

Con los pagos hechos, se habilitaron dos niveles con veinte habitaciones; hasta que llegó el 27 de Julio de 1970 día en que inició a dar servicio el “Hotel Juárez”, su primer huésped fue un agente de ventas que llegó a la recepción y se registró, con el nombre de Gilberto Quintana, boleta que aún conserva con añoranza Emilio Juárez Becerra, hijo de Polencho, quien se había ido a vivir a la sierra poblana por prescripción médica, donde se refugió por la hipertensión severa, producto de los sinsabores por los juicios y entredichos de su propiedad; hasta que súbitamente falleció el 8 de octubre de 1970, día en que se enlutó la sociedad; una respetable familia y Poza Rica perdieron a un gran empresario emprendedor, que nunca pudo ver en esta ciudad la justicia del hombre.

A la pérdida del jefe de la familia, entró al relevo Emilio, hijo de Don Polencho que vivió desde niño junto a los negocios de su papá, hijo predilecto que se implicó de forma entendida de los proyectos, deseos y expectativas de su papa, su mocedad no fue impedimento para trámites bancarios como depósitos, cobranzas, pago de prediales y todo afín a ese tipo de gestiones que lo metió de lleno a los negocios; después de ese lúgubre día entendió que tenía que echar a andar esa experiencia para rescatar el sueño y bienes de Polencho, y así se convirtió en el albacea.

Emilio aumenta la cantidad de habitaciones, agrega veinte más a las que existían y pone en servicio cuatro niveles de los nueve, los vientos soplaban a favor al tener buena clientela, el dinero gastado en los juicios tenía expectativas de recuperarse; otra luz caía sobre el Hotel Juárez; pero nunca hay felicidad completa, para el año de 1973 y ya fuera Jesús Reyes Heroles de la dirección de Petróleos Mexicanos, el Jurídico de la paraestatal arremete de nuevo al demandar ahora el inmueble, lo que se antojaba incongruente, juicio que tuvo un paralelismo al anterior, donde la Suprema Corte de Justicia al final determina entregar a Petróleos Mexicanos el edificio fincado en el terreno legalmente pagado por Prudencio Juárez Reyes.       

En el año de 1974 toma posesión como gobernador del estad de Veracruz el Lic. Rafael Hernandez Ochoa, quien tuvo como colaborador en su campaña a Emilio Juárez, conocedor del desafortunado laudo que lo condenó a entregar el edificio le prometió hablar con el Director de Petróleos Mexicanos, Ing. Jorge Díaz Serrano, comentario que se dio de inmediato, el Ing. Díaz Serrano quien instruyó al Director del jurídico para que viera si la demanda había sido justa y si no era así, Pemex repudiara el laudo y le entregara al legitimo dueño su escritura, respuesta que fue favorable y por fin justo para los genuinos dueños.  

Esto hecho trajo la alegría familiar y el primer logro del joven Emilio, quien siguió al frente de los negocios de su finado padre y que mermaron mucho por los enormes gastos, emprendió mejoras en el hotel. Un repentino día tuvo la grata visita del Lic. Rafael Hernandez Ochoa, quien ya como gobernante se hospedó en el hotel dando un apoyo incalculable a su amigo Emilio con su presencia, protagonista que coadyuvó de forma determinante para rehacer justicia, pleito que costó la irreparable pérdida de un hombre trabajador, sus bienes logrados con el esfuerzo y el desgaste económico para su hijo que al fin recuperó totalmente en memoria de su querido padre, el inmueble.

Ya sin la agitación y con las enfermedades causa de aquel desgaste infernal, Emilio retoma las expectativas del día de su inicio, hacer del hotel una empresa de servicios que dignifiquen a Poza Rica, pero por encima del coraje demostrado y su valor bien calado, Emilio Juárez Becerra se ganó un reconocimiento admirable del tamaño del Hotel, sus amigos destacan su feroz lucha, su familia recobró el orgullo de pertenencia y todos estamos a la espera de que la marquesina vuelva a brillar con las legendarias letras luminosas “Hotel Juárez”. Icono innegable de Poza Rica

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