Willebaldo Lobato Pérez, un hombre libre de malas intenciones, con el corazón sin costra que lo cubra, así se describe a este personaje que desde su humilde trabajo de Agente de Transito dejó una huella imborrable entre los pozarricenses, amigo al que la honestidad caracterizó en toda su vida de servidor pública, atendía con palabras fluidas y conceptos claros inherentes al Reglamento de Tránsito y vialidad, siempre fue justo en su aplicación y con absoluto respeto al automovilista, nunca recibió una ofensa de nadie, por que a nadie ofendió, siempre ha paseado libremente por la ciudad, porque sólo un hombre honesto puede llegar a ser libre.
Su carrera inició en 1946 en su natal Ahuacatlán, estado de Puebla de donde es originario, allí nació un 18 de diciembre de 1917, también allí se inició su carrea de agente de tránsito, después fue Presidente Municipal de aquel pueblito enclavado en la sierra poblana, muy cerca de Cuetzalan, cuando terminó esta gestión continuó su carrera de servidor público en la comandancia de policía; después se caso con su paisana, la señorita Ángela Castillo Galindo, con quien tuvo diez hijos; Guadalupe, Jorge, Julia, Meliton, Pascual, María del Carmen, Abel, Gerónimo, José Gaspar y Salome.
Un día se entero por el periódico que en Poza Rica había muerto un agente de tránsito, el se encontraba en ese momento con su esposa en Tlapacoyan, y de allí se trasladó inmediatamente a Jalapa, para solicitar cubrir la vacante dejada, como respuesta tuvo una aceptación que lo lleno de alegría, al encontrar un lugar con buen augurio, dejo temporalmente a su esposa y se presentó en la delegación pozarricense donde lo recibió el delegado Resalió Ramírez Ruiz en 1951, cuando aquí se apoyaban con la policía militar para ejercer esta tarea por falta de agentes de tránsito, “recordemos que algunos militares vestidos de verde con la inscripción “PM” en su casco, hacían estas funciones como apoyo en aquellos años”, ¡además que estos no pedían mordida!
Desde entonces se hizo común ver a Don Willebaldo Lobato cotidianamente sobre el banquillo de madera, desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noches, dirigiendo el tráfico vehicular frente a la escuela Art.123 María Enriqueta, el Colegio Salvador Díaz Mirón, frente a la puerta uno de Petróleos Mexicanos y en el centro de Poza Rica bajo un sol incandescente, continuaba en el frio verano utilizando una manga impermeable para cubrirse de las lluvias, de igual forma en verano con el pertinaz chipi, chipi; y cuando caía la noche, con una lámpara en la mano, en la que impero su ingenio al colocarle un capucho rojo sobre el foco para que las señales pudieran ser observadas, seguía sirviendo a los transeúntes y a los automovilistas.
Testimonios:
Doña Ángela Castillo de Lobato
Julia Lobato Castillo
Jorge Lobato Castillo
Hermes Villanueva Medina
Daniel Fernández García




Willebaldo Lobato en muy corto tiempo se gano el cariño y admiración de los ciudadanos, con su atención y galantería, dio preferencia a las damas y adultos mayores al cruzar las calles; cuando era necesario se bajaba del banquillo hasta que terminaran de cruzar el Boulevard Ruiz Cortines los niños que en fila iban a la escuela, de igual manera con los trabajadores frente al Restaurante “El Petrolero”, “de gran auge en aquellos años”, que muy dispuestos entraban a trabajar, a quienes infringían el reglamento de tránsito por causa menor solo les aplicaba un regaño verbal sin constreñimiento alguno, tolerancia que pronto le dio fama de hombre justo y honesto, fama que muy rápido lo encumbro como un hombre probo.
Si bien es entendido que no existe la honestidad incólume, Willebaldo se acerco a ella casi al techo donde muy pocos topan, perennemente fue un hombre muy comprometido con la justicia en su trabajo, la que nunca dejó de aplicar a quien la merecía, siempre ha sido sonriente y cargada de sensibilidad social, lo que le valió ganarse muchos amigos, amigos que aún conserva y lo estiman, y que con esa misma forja educo a sus hijo, a quienes de la mano de su esposa Angelita les enseño un oficio para que pudieran se hombres propositivos, y así fue, todos son felizmente casados, tres de ellos lograron tener un título profesional: Gerónimo se recibió de ingeniero, mientras Meliton y Pascual de médicos, penosamente dos de ellos ya se nos adelantaron y están con el Creador.
Pero la fecundación se multiplico por mucho, hoy en día se cuentan veintiocho nietos que son la alegría en momentos de reunión familiar, treinta y dos bisnietos que multiplican la generación a otra dimensión y que proyectan por mucho la descendencia de este feliz matrimonio.
En el año de 1962 se une a una causa justa, acepta participar como candidato a rey feo de las fiestas del petróleo, ¡el que más dinero obtenía en el cómputo era el soberano!; con mucha galantería pone lo mejor de sí, pues no era para menos, ofreció lo recaudado para la edificación de la Escuela Secundaria y de Bachillerato ESBO N° 8, “Emiliano Zapata”, un gesto que se cumplió con un triunfo arrollador, la gente y los petroleros abrumadoramente le brindaron su simpatía y apoyo, y así se ciñó la corona; su nombre de batalla fue “Tribilin Primero”, mote que afilió para el resto de su vida, así le llaman, y así lo acepta, pero en realidad es un homenaje justa su nobleza en favor de la juventud de Poza Rica.
El cariño de los miles de automovilistas y comerciante se dejaba ver en su máxima expresión cada 23 de diciembre, cuando se festeja el día del agente de tránsito y vialidad, regularmente se aposentaba sobre su banco de trabajo y en pocas horas los regalos alcanzaban a formar una montaña con los arcones navideño, cajas de cerveza y refrescos, galletas, sidras, almanaques, botellas de vino, barras de pan y muchos regalos envueltos, algunos taxistas le entregaban un sobres con tributos en efectivo, algunos automovilistas se paraban para darle un fuerte y merecido abrazo, cuando iniciaba a caer la tarde, algunos fotógrafos de los periódicos locales imprimían sus placas con imagen del querido “Tribilin”, al día siguiente, esta aparecía regularmente en la primera plana. ¡Estos si eran homenajes!
La sociedad pozarricense dio admiración y reconocimiento a Don Willebaldo como premio por haber sido un miembro destacado por su probidad, fue una exposición nítida y de mucha civilidad, porque es de reconocer que la sociedad rara vez se equivoca, con justicia fue muy merecido para Willebaldo y muy sincero por quien lo otorgó, estos actos justamente enriquecieron y ennoblecieron a las partes, en los dos extremos se reflejó una conexión cordial de armonía social.
Cuando la comunidad otorga ese trato a las personas más sobresalientes de la sociedad, es por que percibe las cualidades eficientes de estas, por eso Willebaldo recibió varias distinciones porque ofreció sensibilidad y cualidades de un hombre recto, actitud que permearon muchos niveles de las sociedad, su conducta justa trascendió por varias generaciones y se conserva como un indicador de cotejo, que a menudo se recuerda cuando nos toca vivir un mal rato de injusticia.
Muchos Delegados fueron sus jefes, pero él recuerda con especial afecto al Diputado Hermes Villanueva Medina, a Don Marcos López Mora, y al Lic. Gerardo Sisniega, quienes supieron apreciar el perfil pío de Willebaldo que por merito propio escalo varios cargos, dejo de estar en la calle y se fue a la oficina como perito, después tomo el cargo de sub delegado de transito en esta delegación, al poco tiempo de dejo de estar ubicaba en la planta baja del Palacio Municipal.
Un mal día Don Willebaldo fue despedido injustamente, triste iba a su casa cuando lo alcanzó una idea, llamar al Lic. Ignacio Morales Lechuga quien tenía el cargo de Procurador General de la República, este lo invitó a su oficina en la ciudad de México; cuando el humilde agente de tránsito llego con su esposa fue recibido de inmediato por el Lic. Morales, quien le gurda especial respeto, después de entrar, con un cafecito abordaron una amena charla recordando vivencias de Poza Rica, después le pregunto la causa de su despido, cuando Willebaldo aun no terminaba, se dio cuenta de la injusticia cometida, tomo el teléfono y se comunico a Jalapa, después de colgar le dijo, vallase tranquilo y repórtese lo más pronto para que nuevamente tome su tome cargo, se tomaron una fotografía de recuerdo y se dieron con un fraternal abrazo de despedida; la foto se exhibe con orgullo en la sala de su casa como un grato recuerdo.
Muchísimos recordamos a este singular personaje que sin duda a pasado a ser un orgullo de Poza Rica, hoy justamente jubilado del gobierno de nuestro estado, viven en la Calle Cinco de Mayo N° 16 de la Colonia Ruiz Cortines municipio de Coatzintla, quizás muchos ignoran que aun vive, tiene actualmente 83 años edad y convertido en una leyenda viviente digna de homologar por sus colegas, que con seguridad muchos fueron sus discípulos; hoy que la sociedad reclama a los cuatro vientos, la confianza de los servidores públicos.
La trascendencia de este hombre que un día salió de Ahuacatlán, Puebla, para hallar su destino en la gloria de este mundo. Tan sólo para probar que no existen fronteras para expresar honestidad y amor. Amor al prójimo y amor a Doña Ángela Castillo de Lobato, su compañera con quien felizmente vive y reciben muchísima ternura, además gozando de sus hijos y familias, disfrutando de los nietos, y bisnietos que le alimentan ánimo para seguir en la vida, porque estos personajes hacen mucho falta en este tiempo.
Es entendible y obvio que la salud de Don Willebaldo esta muy quebrantada por su avanza edad, pero en la intimidad, su esposa, sus hijos y sus nietos lo cuidan y atienden con especial ternura, existe un respetable roll para apoyar a doña Angelita en la atención del abuelito, pues la pareja vive sola allí donde por más de 50 años fincaron su hogar; la ayuda monetaria de sus hijos es fundamental para adquirir entes indispensables y darle una vida digna en estos momentos, ya que es entendible “que el pago por el derecho primigenio es ya insuficiente”

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