El Rincón Tuxpeño

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Un exquisito olor, un rico platillo y una parada urbana

Entre los vastos restaurantes de Poza Rica, hay uno que marcó un estilo culinario muy particular, “El Rincón Tuxpeño”, gracias al sazón y cualidades de Doña Eloína Sosa Bautista y Don Armando Bañuelos Nolasco, emprendedoras personas que emergieron de regiones pesqueras, ella de Villa Cuauhtémoc, junto al río Panuco y colindante con Tampico, el del puerto de los bellos atardeceres, Tuxpan, ambos llegaron a esta ciudad como muchos, en busca de una oportunidad de vida, donde muchos tuxpeños estaban muy bien asentados y triunfantes.

Todo empezó cuando Don Armando Bañuelos decidió poner una maderería en el patio, prácticamente un tianguis maderero que surtía a los vecinos de la Colonia Petromex, muchas casas se edificaron en esa colonia y algunas colindantes con  aquella madera, tipos de construcción de moda y acordes a la economía de los en los años sesentas, de esa misma madera el Sr. Bañuelos edificó su casa de estilo puramente californiano, casa que sobresalió por su bella arquitectura; negocio que desapareció al tener competidores en otros sitios de Poza Rica y al cambiar el tipo de construcciones por otros que le dieran a la vivienda mas vida útil. 

Cuando un ser humano encuentra una mano bondadosa y su actitud es positiva la expectativa se da enorme, fue cuando apareció el amigo fraternal, Don Tino Mar, distinguido habitante y propietario de grandes extensiones de terreno en la Colonia  Petromex, con respeto y dando animo les dijo, pongan un restaurant, usted tiene buen sazón Doña Eloína, la idea fue la luz que hacía falta ver a la familia Bañuelos que de inmediato vieron con agrado; para pronto al día siguiente Don Armando        Se fue al mercados y adquirió el marisco, mientras su esposa adquiría los ingrediente que eran sus secretos culinarios, después los utensilios indispensables para iniciar la gran travesía de conquistar el paladar de su futura clientela.  

Con el entusiasmo elevado al máximo nivel se empezó formar el restauran, que en realidad tenía la dimensión de una fonda, pero la magia constaría en lo platillos, el que engalano el menú fue el afamado “Platillo Marinero” con una porción de varios guisados, las traicionadas enchiladas de pipián y poniendo de moda un entrénate con porción de mayonesa, chile chipotle y sus respectivas tostadas de tortilla que previamente se endurecían bajo el sereno de las noches, después eran un manjar incluso en otros platillos.

Pero cuando algo sale bien es en todo, un buen días un buen paisano le ofreció un apoyo imprevisto, Don Jorge Elías Benignos que en esos días era el concesionario de la cerveza Corona le ofreció apoyo de mobiliario, además refrigeradores para el restaurant, lo que fue preciso para la atención con calidad de los clientes, empero, a partir de ese día fue exclusividad de la Cervecería Cuauhtémoc, pero para suerte muy seguido recibía la visita bondadosa y amigable del Caballero Corona en la persona de Don Evaristo Martínez, quien al ver a algún cliente tomando cerveza Corona el pagaba la cuenta de este. ¡Aunque usted no lo crea!.  

El negocio empezó a vivir momentos de gloria, la gente acudía al restaurante no obstante de buenos competidores: Erasmo, Las Rejas, Enríquez y otras de similar calidad, el plato de la casa sin duda, “El Platillo Marinero”, que día con día disfrutó de mucha demanda, el restauran estaba muy bien posesionado en el ánimo de la sociedad pozarricense con la enorme variedad de viandas, tal fue el caso de Don Raúl Gibb Quintero que tenía como plato favorito “El Tocón”, que era un caldo de pescado con epazote y mucha tortilla endurecida por la intemperie y bajo el sereno con el sazón muy especial de Doña Eloína.  

La afluencia de significativas personalidades se encaminaba más y más hasta “El Rincón Tuxpeño cotidianamente, ahí se dieron cita: Julio Pindter del Departamento de Personal de Petróleos Mexicanos, Heriberto Kehoe Vincent Secretario General de la Sección 30 de los petroleros, Dr. Víctor Cobos Rosas, Miguel Rivera Rivera dueño del restaurant “La Cava” y Don Manuel Rodríguez dueño del restaurant “El Kiosco”, que hablaba previamente por teléfono para solicitar que le prepararan un Huatape elaborado con camarón seco y epazote; el menú era largo y no faltaban platillos, la atención muy especial de Don Armando y su hijo Luis Manuel Bañuelos Sosa quien transitaba entre mesas al pendiente de sus clientes.

Con el tiempo el destino le marcó otro camino,  para fines de la década de los noventas el servicio del restaurant dio un giro, sus casi doscientas cincuenta mesas eran previamente arreglaras para banquetes, modalidad que le redituó a la familia Bañuelos más ganancias en tan sólo tres días a la semana, formato que duro hasta el año 2006, cuando cerró sus puertas para siempre, dejando una página entrañable en la vida culinaria de Poza Rica y la región; cabe decir, durante cuatro décadas, su existencia fue significativa para el prestigio de nuestra ciudad, su nombre El Rincón Tuxpeño fue un referente para los vecinos de la Colonia Petromex, parada obligado de los eruditos de la buena avidez y la cocina del mar.    

                                                               Testimonios

Luis Manuel Bañuelos Sosa

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