La CUiTA

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Gilberto Sánchez González fue hijo del matrimonio formado por Pablo Sánchez del Ángel y Genoveva González Pérez, llegaron a este campo petrolero en 1943 procedentes de Tampico Alto; venían con sus hijos: Pablo, Gerino, Nahúm y Delia, la joven pareja procreó dos hijos más: José Luis y el ultimo en 1947, a quien le pusieron por nombre Gilberto Sánchez González, un niño con una conducta muy reservada, la que su cara denotaba de forma evidentemente.

A la edad de seis años Gilberto entro a estudiar la primaria en la Escuela Art. 123 María Enriqueta, para entonces nuestro amigo denotaba indicios de una obesidad precoz, notoriamente fuera de lo normal para un niño de nuestra edad, mas sin embargo su actividad y convivencia fue normal, pero muy callado, tal vez ahí a alguien se le ocurrió ponerle el sobre nombre de “La Cuita”, que significa en el idioma Castellano, “Tristeza, Aflicción, Pesadumbre”; el apodo asentó entre los familiares y amigos de “La Cuita” de ahí su popularidad suma y siguió sumando, así se conoció y no le desagradaba que lo llamaran de esa forma, tal vez Gilberto nunca supo lo que significaba su apodo.
Durante sus estudios en la escuela María Enriqueta, “La Cuita” fue un alumno muy distraído, era bastante difícil para el asimilar las enseñanzas, batalló mucho para poder ascender de grado, no obstante era muy apreciado por sus profesores, incluso algunos le dedicaban un atención particular con el fin de que se nivelara con sus demás compañeros, detalle que “La Cuita” apreciaba y agradecía, pero en realidad él seguía batallando con su aprendizaje; sus compañeros lo empezaron a vacilar teniendo que salir sus maestros en su defensa.
En el transitar de estos estudios “La Cuita” encontró muchos amigos, fue muy apreciado por todos ellos, pero en especial convivió mucho con “Pablo” un alumno sumamente opuesto a él, pues este tenía la particularidad de ser un enanito, pero así compartieron muchas experiencias; solo que Pablo en el ámbito escolar fue muy aplicado, se significó por ser un alumno dedicado, pero eso para ellos no hacia ningún impedimento para departir muchas ocasiones la hora del recreo y otros momentos.

Un día Pablo se titulo de la primaria y Gilberto se quedó atorado en el quinto año, eso dejó constancia que “La Cuita” fue un chico sin prisa ninguna por ilustrarse y graduarse; la instrucción primaria la terminó a los quince años. Feliz por tal logro le dijo a sus papás que él prefería mejor trabajar, que la escuela no le gustaba. Fue así como inició su carrera de trabajador del Departamento de Perforación donde le asignaron la ficha 92414 cuando firmo la planta; así a lado de sus hermanos Quirino y Nahúm aprendió el oficio de perforador de piso, oficio que desempeñó anteriormente su papá al llegar a Poza Rica en el año de 1932 con la compañía “El Águila”, y después en Petróleos Mexicanos.
Con el placer de ganar dinero “La Cuita” vivió su vida desahogada, se volvió una persona autosuficiente a sus dieciséis años de edad, lo que le permitió comprar sus bienes personal tales como ropa de moda, también como todo joven adquiría los discos LP de acetato que disfrutaba en su tocadiscos en compañía de sus amigos; comenzó a disfrutar del baile a pesar de su carácter callado y de cierta timidez; algunas ocasiones en vacaciones acompañaba a su mamá a Tampico Alto, donde asistía a las fiestas de este hermoso pueblito junto a la Riviera de la Laguna de Tamiahua, lugar donde eran muy conocidos y apreciados.

En una de esas visitas, en un baile conoció a la señorita Yolanda Gómez Gómez, originaria de aquel terruño; todo empozó cuando Gilberto la invito a bailar, de ahí afloro el amor por tan guapa chica, en ambos los corazones se inquietaron, a partir de aquel momento su visitas a Tampico Alto fueron constantes, todos los fines de semana, hasta formalizar una relación de noviazgo que termino en el altar de la Iglesia Asunción de Papantla, claro, con la anuencia obligada de sus papás, costumbres arraigada de aquellos viejos tiempos, pues primero se casaron por lo civil, después hablaron con el párroco quien les dio la bendición y así ante dios los declaro marido y mujer en el año de 1969, donde se juraron amor eterno, y así fue, amor solidó, hombre de una sola mujer y mujer de un solo hombre, ¡que añoranza caballeros!, nuestro gran amigo “La Cuita” noble ejemplo.
Producto de aquel matrimonio de buena armonía nacieron tres hijos, Gilberto, Roberto y Rolando quienes en plena juventud están dedicados a estudian para obtener la mejor herramienta que se requiere en la vida, una profesión, ojalá y la logren, empero, “La Cuita” después de muchos años se reencontró con “Pablo” su amigo de infancia, quien retornó nuevamente a Poza Rica y de quien siempre guardó gratos recuerdo; se visitaron varias ocasiones mientras la “La Cuita” vivía el inconveniente y la mala fortuna de seguir aumentando de peso en forma alarmante, mas de 160 kilos. Poco a poco esta evento lo hizo sedentario, por tal razón salía poco de casa, manejaba con rumbo a su trabajo y viceversa, hasta que llegó su jubilación en Pemex.


Después de este golpe, se despidió de sus compañeros de perforación, un lugar donde entregó muchos años; departamento donde fue muy estimado. Su carácter le dio el don de tener muchos amigos donde se parara; siempre fue respetuoso, aunque en casa afloraba su léxico alvaradeño, nunca fue para reprimir u ofender, a nadie, era parte de su carácter costeño, pues fue muy afecto a convivir con sus hijos y esposa. La inactividad lo hacía subir de peso a niveles incontrolables, después de superar los doscientos kilos, se complicaron las enfermedades propias del sobre peso y al llegar a los doscientos diez kilos, dios lo recoge y se lo lleva de este mundo, muchos, muchísimos amigos contemporáneas lo extrañamos, tipo pacífico, respetuoso amigable y carismático, un personaje urbano mas de nuestro Poza Rica.

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3 comments

Tonya Gray julio 18, 2017 - 12:46 am

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Tonya Gray julio 18, 2017 - 12:47 am

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Tonya Gray julio 18, 2017 - 12:47 am

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